…♥♥♥Pienso en vos, y no me entra ni un bocado♥♥♥..
…
creo que es la primera vez que confundo mal, pero tan mal las cosas, o quizas si sea como lo estoy pensando, ¿querra ser mi amigo, o algo màs?, no entiendo me pide que me siente con el , y reacciono al toque, no le digo si ya voy, es de una, no se que me pasa con esa persona, “¿querra algo?, no, no, es amistad”, eso es lo que se me cruza por la cabeza cada vez que lo veo o hablo con el, es tan lindo, y como persona, bueno hasta lo que el demuestra, pero odio en la situacion que me pongo yo misma, que sera lo que siento, tambien yo soy una persona tan enamoradisa, el amor me nace de una, no tuve muchos novios, y con los que tuve nada, sera que estoy tan sola que me maquino cualquier cosa, y siento unas mariposas en la panza, tengo ganas de abrazarlo y no soltarlo cuando lo veo, es algo que me puede, pero es un compañero, un amigo que seguro no me va dar bola como yo creo que parece, aparte hace poco dejo a su novia y con una hija, pero el se hace cargo como debe ser, Y por esa razon no debe estar buscando algo todavia, “si seguro el quiere ser mi amigo” MIERDA la verdad si debo estar re mal de CONFUNDIDA.

sensación de mierda…
Brother know how sad I am,
I made blood flying trills and voice.
I have been in pieces
I sleep better,
my child is dead, my child, my child,
my child, brother.
Unable mouthful voice
just emptied the womb of my sweet love.
Huge and blue
life was given.
He could not take it, could not take it,
of so small.
I had a white track
Love between a cloud and a flying fish.
I dream run
wrapped in sweat,
full cheeks, full cheeks
of sunshine and sweetness.
It was in April, the tepid pace
my little boy who danced
in the womb,
a meadow in bloom,
was his bed and navel, and navel,
the navel, the sun.
Look no brother the best way,
that I have a soul moved to ask God.
What we do now, my sweetness and I,
with Full breasts with Full breasts
Milk and pain.
It was in April, the tepid pace
my little boy who danced
in the womb,
a meadow in bloom,
and it was his bed and navel, and navel,
the navel, the sun.
We think it would be better,
the leave three, leave three,
the stay two.
It was in April, the tepid pace
my little boy who danced
in the womb,
a meadow in bloom,
was his bed and navel, and navel,
the navel, the sun.
Because my family STAY slapn UB40. Since DAY 1 - Love this Group!
“La muerte y el amor son dos cosas dificil de explicar, son las 2 iguales, ultimamente siento que estoy màs cerca de una cosa que la otra.- ¿tengo miedo a vivir?.
- ¿tengo miedo a morir?.
quiciera una respuesta firme, pero no la consigo, hay algo que me esta corrompiendo, es la Soledad, nadie quiere llegar a estar solo el dia de su muerte, el miedo es algo absoluto en mi vida, la muerte esta siempre atras mio, ¿pero el amor, donde, lo busco, y no aparece?, ¿por que tanto dolor, y desamor?, estoy cansada y con tal solo 21 años, me queda mucho, pero siento que cada mañana que me veo en el espejo pasa el tiempo, para mi cada segundo que pasa, es una arruga, el drama en mi me hace unica, ya basta, te estoy esperando amor, no dejes que esta mochila pesada en mi espalda se vaya conmigo vacia.”
yo
Yoana Elizabeth Alarcòn.


![]()


por mas que haya sido un fraude ellas soñaban con que fueran reales…
Escuchame, César: yo no sé por dónde andarás ahora, pero cómo me gustaría que leyeras esto. Sí. Porque hay cosas,
palabras, que uno lleva mordidas adentro, y las lleva toda la vida. Pero una noche siente que debe escribirlas,
decírselas a alguien porque si no las dice van a seguir ahí, doliendo, clavadas para siempre en la vergüenza. Y entonces
yo siento que tengo que decírtelo. Escuchame.
Vos eras raro. Uno de esos pibes que no pueden orinar si hay otro en el baño. En la laguna, me acuerdo, nunca te
desnudabas delante de nosotros. A ellos les daba risa, y a mí también, claro; pero yo decía que te dejaran, que cada
uno es como es. Y vos eras raro. Cuando entraste a primer año, venías de un colegio de curas; San Pedro debió de
parecerte, no sé, algo así como Brobdignac. No te gustaba trepar a los árboles, ni romper faroles a cascotazos, ni
correr carreras hacia abajo entre los matorrales de la barranca. Ya no recuerdo cómo fue. Cuando uno es chico,
encuentra cualquier motivo para querer a la gente. Solo recuerdo que de pronto éramos amigos y que siempre
andábamos juntos. Una mañana hasta me llevaste a misa. Al pasar frente al café, el colorado Martínez dijo con voz de
flauta: “Adiós, los novios”. A vos se te puso la cara como fuego. Y yo me di vuelta, puteándolo, y le pegué tan
tremendo sopapo, de revés, en los dientes, que me lastimé la mano. Después, vos me la querías vendar. Me mirabas.
–Te lastimaste por mí, Abelardo.
Cuando hablaste sentí frío en la espalda: yo tenía mi mano entre las tuyas y tus manos eran blancas, delgadas. No sé.
Demasiado blancas, demasiado delgadas.
–Soltame –dije.
A lo mejor no eran tus manos, a lo mejor era todo: tus manos y tus gestos y tu manera de moverte, de hablar. Yo
ahora pienso que antes también lo entendía, y alguna vez lo dije: dije que todo eso no significaba nada, que son
cuestiones de educación, de andar siempre entre mujeres, entre curas. Pero ellos se reían y uno también, César, acaba
riéndose. Acaba por reírse de macho que es.
Y pasa el tiempo y una noche cualquiera es necesario recordar, decirlo todo.
Fuimos inseparables. Hasta el día en que pasó aquello yo te quise de verdad. Oscura e inexplicablemente como
quieren los que todavía están limpios. Me gustaba ayudarte. A la salida del colegio íbamos a tu casa y yo te enseñaba
las cosas que no comprendías. Hablábamos. Entonces era fácil contarte, escuchar todo lo que a los otros se les calla. A
veces me mirabas con una especie de perplejidad, con una mirada rara; la misma mirada, acaso, con la que yo no me
atrevía a mirarte. Una tarde me dijiste:
–Sabés, te admiro.
No pude aguantar tus ojos; mirabas de frente, como los chicos y decías las cosas del mismo modo. Eso era.
–Es un marica.
–Déjense de macanas. Qué va a ser marica.
–Por algo lo cuidás tanto…
Y se reían. Y entonces daban ganas de decir que todos nosotros, juntos, no valíamos la mitad de lo que valía él, de lo
que valías, pero en aquel tiempo la palabra era difícil, y la risa fácil. Y uno también acepta -uno también elige-, acaba
por enroñarse, quiere la brutalidad de esa noche, cuando vino el negro y dijo me pasaron un dato. Me pasaron un
dato, dijo, que por las quintas hay una gorda que cobra cinco pesos, vamos y de paso lo hacemos debutar al machón,
al César. Y yo dije macanudo.
–César, esta noche vamos a dar una vuelta con los muchachos. Quiero que vengas.
–¿Con los muchachos?…
–Sí. Qué tiene.
–Y bueno, vamos.
Porque no solo dije macanudo, sino que te llevé engañado. Y fuimos. Y vos te diste cuenta de todo cuando llegamos al
rancho. La luna enorme, me acuerdo: alta entre los árboles.
–Abelardo, vos lo sabías.
–Callate y entrá.
–¡Lo sabías!
–Entrá, te digo. 2
El marido de la gorda, grandote como la puerta, nos miraba socarronamente. Dijo que eran cinco pesos. Cinco pesos
por cabeza, pibes: siete por cinco treinta y cinco. Verle la cara a Dios, había dicho el negro. De la pieza salió un chico,
tendría cuatro o cinco años. Moqueando, se pasaba el revés de la mano por la boca. Nunca me voy a olvidar de aquel
gesto. Sus piecitos desnudos eran del mismo color que el piso de tierra.
El negro hizo punta. Yo sentía una cosa, una pelota en el estómago. No me atrevía a mirarte. Los demás hacían chistes
brutales. Desacostumbradamente brutales, en voz de secreto. Estaban, todos estábamos asustados como locos. A
Roberto le tembló el fósforo cuando me dio fuego.
–Debe estar sucia.
Después, el negro salió de la pieza y venía sonriendo. Triunfador. Abrochándose.
Nos guiñó un ojo.
–Pasa vos, Cacho.
–No, yo no. Yo, después.
Entró el colorado, después Roberto. Y cuando salían, salían distintos. Salían no sé, salían hombres. Sí, esa era la
impresión que yo tenía.
Después entré yo. Y cuando salí, vos no estabas.
–¿Dónde está César?
No recuerdo si grité, pero quise gritar. Alguien me había contestado: disparó. Y el ademán -un ademán que pudo ser
idéntico al del negro- se me heló en la punta de los dedos, en la cara, me lo borró el viento del patio, porque de
pronto yo estaba fuera del rancho.
–Vos también te asustaste, pibe.
Tomando mate contra un árbol vi al marido de la gorda; el chico jugaba entre sus piernas.
–Qué me voy a asustar. Busco al otro, al que se fue.
–Agarró pa ayá –con la misma mano que sostenía la pava, señaló el sitio. Y el chico sonreía. El chico también dijo pa
ayá.
Te alcancé frente al Matadero Viejo; quedaste arrinconado contra un cerco. Me mirabas. Siempre me mirabas.
–Lo sabías.
–Volvé.
–No puedo, Abelardo, te juro que no puedo.
–Volvé, ¡animal!
–Por Dios que no puedo.
–Volvé o te llevo a patadas en el culo.
La luna grande, no me olvido, blanquísima luna de verano entre los árboles y tu cara de tristeza o de vergüenza, tu
cara de pedirme perdón, a mí, tu hermosa cara iluminada, desfigurándose de pronto. Me ardía la mano. Pero había
que golpear, lastimar, ensuciarte para olvidarme de aquella cosa, como una arcada, que me estaba atragantando.
–Bruto –dijiste–. Bruto de porquería. Te odio. Sos igual, sos peor que los otros.
Te llevaste la mano a la boca, igual que el chico cuando salía de la pieza. No te defendiste.
Cuando te ibas, todavía alcancé a decir:
–Maricón. Maricón de mierda.
Y después lo grité.
Escuchame, César. Es necesario que leas esto. Porque hay cosas que uno lleva mordidas, trampeadas en la vergüenza
toda la vida, hay cosas por las que uno, a solas, se escupe la cara en el espejo. Pero de golpe, un día, necesita decirlas,
confesárselas a alguien. Escuchame.
Aquella noche, al salir de la pieza de la gorda, yo le pedí, por favor, que no se lo vaya a contar a los otros.
Porque aquella noche yo no pude. Yo tampoco pude.
NO SE USTEDES A MI ME GUSTO ESTE CUENTO, TE HACE PENSAR UN POCO, SOBRE LAS AMISTADES, Y LOS SECRETOS QUE UNO SE GUARDA POR VERGUENZA A DEMOSTRAR QUIEN SOS, YO SE QUIEN SOY, Y ME SIENTO BIEN AUNQUE MI AUTOESTIMA BAJA, POR ESCUCHAR ALGUNAS PERSONAS QUE HACEN PREJUICIOS SIN CONOCERTE , HAY QUE HACER OHIDOS SORDOS, LOS QUE TE CRITICAN, ES POR QUE NO TE CONOCEN…
(Fuente: juanalaloquita)
…hoy me llego esa noticia, no hacia poco me estaba acordando de vos, ¿por que, así de una?, me siento triste, en vez de acordarme de tus anécdotas tendría que a ver ido y repetirlas, cuanto cariño que dabas tío, cuanto, te extrañaba en vida, pensando “un día de estos vamos a estar ahí, en tu casa”, tan cerca que estábamos, ahora mas te voy extrañar, mucho mas, seguro que en este momento estas al lado mio junto con mis abuelos, pero sacando la palabra tendría, o ¿porque?, yo tengo buenos recuerdos, recuerdos que no voy a olvidar, aja, la frase de una canción, tío que dios te guié al cielo, te quiero mucho, te queremos, mi hermana (debo) y yo (yoa), y especialmente mis viejos…
Ultimamente le doy mucha importancia lo que me digan o vean de mi, y que pensarian, deberia no importarme pero es tan dificil no prestarle a tencion a eso.
por ejemplo me han echo preguntas personas heterosexuales, preguntas como estas:
-¿por que decis que te gustan las mujeres, si nunca estuviste con ninguna?
que tiene que ver eso, yo creo que nada, me atraen al igual que los hombres, la belleza tanto como la mujer y el hombre es hermosa, preciosa y hay que disfrutarlo visualmente tambien…
(Fuente: juanalaloquita)